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viernes, 30 de agosto de 2024

Cuando vuelva a verte

Cuando vuelva a verte, dejando otra lluvia tirada en el suelo, tú me responderás hasta el último grito. Me sabrán a poco todos los vientos, todos. Cuando vuelva a verte, tus velas llegarán a mi puerto, y en mi tierra desierta, ya lo siento ahora, los pájaros perfumados, en lentas espirales de vuelo me hablarán de vos. Chely, 2003 (collage de versos extraídos de diferentes poemas)

lunes, 20 de noviembre de 2023

¿Piedra, papel o tijera?

Último día del Mundial de Escritura. Son las nueve de la noche y todavía estoy en veremos; y eso que lo intento desde las ocho de la mañana. Más de doce horas; ninguna idea o ideas que no me gustan. No se me ocurre nada. La tecla borrar de mi compu ya está cansada, igual que mis neuronas. Estoy muy resfriada. Sólo me motiva no fallarle a mi grupo. Es sábado, el día especial que le dedico a mi esposo. Miro los objetos que me rodean: mi agenda; mi cartuchera colorinche; el mouse; el estuche de mis lentes; la ruana que le presté anoche a Agustina porque tenía frío mientras miraba una película; el cajón con las piedritas sanitarias de nuestras gatitas; la mesa; las sillas; un tarro de miel que le regalaron a Héctor en el trabajo. El reloj de pared. El tiempo que corre… Leo nuevamente la consigna y me pregunto: ¿qué selecciono? ¿Enumero objetos primero? ¿O pienso en la escena, en una historia y de ella extraigo objetos que me permitan narrarla? Voy hasta el escritorio donde tengo mi biblioteca, a ver si el entorno me inspira más. Muchos libros; cantidad de títulos; millones y millones de palabras; infinitos caracteres. Invoco a los escritores, de esos libros: ¡Por favor, ayúdenme! Surge la imagen de Emilia, mi nieta, jugando con su tío a “¿Piedra, papel o tijera?”. “Son tres objetos”, me digo, que invitan a optar, a elegir. ¿Qué se me podrá ocurrir con esto? Preparo el almuerzo. El “Piedra, papel o tijera” sigue en mi cabeza. “¡Por algo será!”. Aparece una incógnita recurrente en mí desde hace tiempo: ¿Qué va a pasar con mis cosas el día que yo me muera? Exprimo al máximo mis neuronas. Y recuerdo lo que dijo el coordinador de este torneo de escritores: “esto es un juego”. “Es el último día del Mundial”, repito. "Tengo que jugar de algún modo". Me consuelo: ¡demasiado! Algo va saliendo, con dificultad, pero va saliendo. Mi hija Agustina me dice que esta idea podría ser para unos nenitos de primaria… "Pero el tema medio fuerte", le digo. La miro muy seria; después nos reímos a carcajadas… ¡Puedo asumir mis límites! ¡Mostrar mi vulnerabilidad! ¿Qué pasará con mis cosas el día que yo me muera? ¿Piedra, papel o tijera? ¿Con mi colección de plumas; mi piedrita dibujada; los lentes que ya no uso, y mi mate de madera? ¿Piedra, papel o tijera? ¿El celular ya gastado; mi carrito de mandados; aquel libro favorito que aún llevo en mi cartera? ¿Piedra, papel o tijera? ¿Qué será de mis cuadernos donde guardé pensamientos; y de la netbook tan vieja donde escribo este poema? ¿Piedra, papel o tijera? ¿Se quedará Agustina con mi ruana color verde? ¿Y Vero con ese chal que ahora uso en primavera? ¿Piedra, papel o tijera? ¿Será Gabriel el que escoja quedarse con mi bufanda y con las pocas monedas que tengo en mi billetera? ¿Piedra, papel o tijera? ¿Mis lanas, mi costurero, los dedales del abuelo? ¿Se usarán, se venderán en una feria cualquiera? ¿Piedra, papel o tijera? ¿Qué va a pasar con las fotos, con mi bici, mis revistas, las mantillas de mi abuela? ¿Piedra, papel o tijera? Seguro Héctor elija los vinilos, los compactos, los videos BHS, los muñequitos de cera… ¿Piedra, papel o tijera? ¿Será Emilia la que copie las recetas que yo dejo; y use todos los fibrones que guardo en mi cartuchera? ¿Piedra, papel o tijera? ¿Y Santiago? ¿Se quedará con algo? ¿Con mi taza, mi bombilla, mis licores, mi paraguas, lapiceras? ¿Piedra, papel o tijera? Seguro me iré volando cargada de mil recuerdos, Soltando, soltando, objetos… Me iré liviana y sin prisa abrazando mis afectos. El tiempo habrá terminado. No importa. ¡Será otro el juego!

martes, 24 de mayo de 2022

Las recetas de mamá

Guiso de fideos/arroz/lentejas

Ingredientes: (para 2 porciones abundantes)

1 cebolla chica

1diente de ajo

1/2 pimiento rojo mediano

1 zanahoria

2 papas medianas

300 g de carne picada o de carne para estofado

1 chorizo colorado

2 tazas de agua o caldo 

1/2 paquete de fideos guiseros (mostacholes, coditos o tirabuzón); o 1taza de arroz ya cocida; o 1 taza de lentejas ya cocidas

1/2 cajita de puré de tomate

Sal, condipizza a gusto.


Preparación:

• Hervir los fideos/arroz/lentejas con sal, colar y reservar

• Cortar en cuadraditos la cebolla, el pimiento,  la zanahoria y la papa. Si la carne es para estofado, cortarla en cuadraditos, también. 

• Colocar un chorro de aceite en la olla Essen.

• Cuando esté caliente,

 poner a dorar (sellar) la carne y los chorizos.

• Agregar luego la cebolla, la zanahoria y el pimiento.

• Cuando la cebolla esté transparente agregar el ajo picado y una de las tazas de agua, revolver bien.

• Cuando la zanahoria esté un poco menos dura, agregar la papa. Agregar más agua. Seguir revolviendo.

• Cuando la papa, esté un poco blanda, colocar el tomate. Condimentar con sal y demás. Revolver.

• Cuando esté todo al dente (significa blando,  pero no super blando), y la carne cocida y blanda, agregar los fideos/arroz/lentejas
. Esperar q se calienten y listo. A comer!

martes, 29 de junio de 2021

MI ALEPH por Araceli Casagrande

Estoy atravesada por el infinito de la lectura.

Por todos los tipos de intertextualidad.

En mi microcosmos, los textos dialogan de todas formas.

Soy mi propio Aleph.

En cada ángulo, en cada arista de mi ser se ha quedado atrapada alguna trama, una bella descripción, una imagen, miles de imágenes, una frase, la frescura de algún diálogo, este personaje, aquella canción, una escena, ese poema sagrado, el complejo de Edipo.

Mi punto mítico alberga tanto la depresión de Harry Haller, el lobo de la estepa; como el optimismo de Robinson Crusoe; la fuerza bruta de la Carancha lidiando con las adversidades del Delta; y la inocencia y la ternura del mundo maravilloso de Alicia.

Estando allí, en mi Aleph, he podido sorprender a Pirandello escondido detrás de un anaquel, para no ser encontrado por unos personajes que lo andan buscando desesperadamente; y me he dejado atrapar por los queridos monstruos de Elsa Bornemann.

Me maravillé con el erudito Borges y aplaudí el coraje de Arlt, quien jamás claudicó ante la dura crítica de muchos. Alguno de ellos también me habitan.

Los padecimientos de Martín Fierro han pasado y se actualizan en mis membranas argentinas. La decepción de Alfonsina fue la mía. Aún conservo el “Tú me quieres blanca” que mi madre recitaba; y que yo aprendí a repetir de memoria cuando todavía no sabía leer; así como también el “puedo escribir los versos más tristes esta noche” que han inspirado mis poemas adolescentes.

Mi Aleph es un divino arcón, el búnker protector de fantasías, de sueños, de emociones.

Leer me ha abierto la cabeza como a Mafalda y me ha dado el idealismo de Susanita. Me ha enfrentado a revelaciones extraordinarias como cuando Hamlet supo que el asesino de su padre era su tío, o cuando el Dr Jekyll mostró que también era Hyde.

Cuando dispongo mi espíritu y me sumerjo en los destellos de luz que emergen de mi Aleph, escucho voces entremezcladas.

Sin embargo puedo distinguir las que se me hacen familiares:

la del principito pidiéndole a alguien que le dibuje un cordero; la de Gregorio Samsa que se pregunta a sí mismo, esa mañana, qué le ha pasado a su cuerpo; las del mago de Oz y Dorothy que conversan afablemente; y también la de mi tía Cata que intenta por tercera vez que mi "yo niña" entienda El Quijote.

Suelo escuchar el grito feroz de aquel moteca la noche que los aztecas lo llevan boca arriba para el templo de los sacrificios durante Las Guerras Floridas.

 

En mis pesadillas recurrentes aparecen la criatura de Frankenstein; el conde Drácula y todas las proyecciones cinematográficas que surgieron a partir de estas novelas, y que alguna vez vi muerta de miedo.

Hay días en los que quiero volver al origen, retornar al vientre de mi madre como lo hace Marcial en su viaje a la semilla o nacer ya grande como Benjamín Button.

Todo puede estar en ese punto infinito: la magia, el desorden, la inspiración, el genio de la creatividad, los fracasos, los deseos, la inocencia, la soledad, el amor.

Puede estar lo que recuerdo y lo que he olvidado; el pasado, el presente y el futuro; el cielo y el infierno; la verdad y la mentira. Mis luces y mis sombras.



domingo, 11 de octubre de 2020

Paleta de otoño

 Rojos, 

naranjas,

amarillos,

tibieza dorada del sol,

última pasión de los verdes, 

hegemonía del ocre,

matices de desvelos otoñales.

11/10/2020




viernes, 9 de octubre de 2020

Vida

Creo palabras

en súbitos momentos de lujuria

para parirlas luego,

mientras tanto las protejo,

les doy forma,

las cuestiono,

les canto, las ordeno...

Van creciendo,

crecen y crecen...

Cada palabra, una célula

del tejido de mi poem
a;

cada palabra engendra otras; se divide luego.

Y más células, más...

y más palabras, más...

y el silencio de crecer

y el de aún no haber nacido.

Alimento mis palabras,

les doy vida,

las siento vigorozas; a veces, hasta crueles,

débiles, efímeras, distantes, perdidas...

Sin embargo, se me hacen familiares;

las voy queriendo de a poquito

hasta amarlas para siempre

porque son mías, con mi sangre y fantasía,

soy yo en ellas,

yo que renazco en la euforia enloquecida

o en el tibio silencio que dan vida.


Araceli (1995)



sábado, 7 de julio de 2018

Aún no

La vida me despeina la cara
de vibrante silencio acompasado.
La realidad me sacude
los huesos, la sombra y el alma.
Pero... sé que estás ahí.
Ante mi desnudez herida
se puebla mi jardín de esperanza.
Nueva brisa,
gritos acallados que por fin salen.
Sé estás ahí...
Sabores insólitos, de paladares vírgenes.
Renuevo tu inquietante palabra
y la huelo como a un limón
recién cortado.
Sé que estás ahí...
La frágil tibieza de tus manos
me da la certeza
de que aún no te he perdido.

Chely, 07/07/2018