Puerta al corazón y a la esperanza
Contiene textos propios e información que he recopilado durante varios años y que sigo recopilando de diferentes fuentes.
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viernes, 30 de agosto de 2024
Cuando vuelva a verte
lunes, 20 de noviembre de 2023
¿Piedra, papel o tijera?
martes, 24 de mayo de 2022
Las recetas de mamá
Guiso de fideos/arroz/lentejas
Ingredientes: (para 2 porciones abundantes)1 cebolla chica
1diente de ajo
1/2 pimiento rojo mediano
1 zanahoria
2 papas medianas
300 g de carne picada o de carne para estofado
1 chorizo colorado
2 tazas de agua o caldo
1/2 paquete de fideos guiseros (mostacholes, coditos o tirabuzón); o 1taza de arroz ya cocida; o 1 taza de lentejas ya cocidas
1/2 cajita de puré de tomate
Sal, condipizza a gusto.
Preparación:
• Hervir los fideos/arroz/lentejas con sal, colar y reservar
• Cortar en cuadraditos la cebolla, el pimiento, la zanahoria y la papa. Si la carne es para estofado, cortarla en cuadraditos, también.
• Colocar un chorro de aceite en la olla Essen.
• Cuando esté caliente,
poner a dorar (sellar) la carne y los chorizos.
• Agregar luego la cebolla, la zanahoria y el pimiento.
• Cuando la cebolla esté transparente agregar el ajo picado y una de las tazas de agua, revolver bien.
• Cuando la zanahoria esté un poco menos dura, agregar la papa. Agregar más agua. Seguir revolviendo.
• Cuando la papa, esté un poco blanda, colocar el tomate. Condimentar con sal y demás. Revolver.
• Cuando esté todo al dente (significa blando, pero no super blando), y la carne cocida y blanda, agregar los fideos/arroz/lentejas
. Esperar q se calienten y listo. A comer!
martes, 29 de junio de 2021
MI ALEPH por Araceli Casagrande
Estoy atravesada por el infinito de la lectura.
Por todos los tipos de
intertextualidad.
En mi microcosmos, los textos
dialogan de todas formas.
Soy mi propio Aleph.
En cada ángulo, en cada arista
de mi ser se ha quedado atrapada alguna trama, una bella descripción, una
imagen, miles de imágenes, una frase, la frescura de algún diálogo, este
personaje, aquella canción, una escena, ese poema sagrado, el complejo de
Edipo.
Mi punto mítico alberga tanto
la depresión de Harry Haller, el lobo de la estepa; como el optimismo de
Robinson Crusoe; la fuerza bruta de la Carancha lidiando con las adversidades
del Delta; y la inocencia y la ternura del mundo maravilloso de Alicia.
Estando allí, en mi Aleph, he
podido sorprender a Pirandello escondido detrás de un anaquel, para no ser
encontrado por unos personajes que lo andan buscando desesperadamente; y me he
dejado atrapar por los queridos monstruos de Elsa Bornemann.
Me maravillé con el erudito
Borges y aplaudí el coraje de Arlt, quien jamás claudicó ante la dura crítica
de muchos. Alguno de ellos también me habitan.
Los padecimientos de Martín
Fierro han pasado y se actualizan en mis membranas argentinas. La decepción de
Alfonsina fue la mía. Aún conservo el “Tú me quieres blanca” que mi madre recitaba;
y que yo aprendí a repetir de memoria cuando todavía no sabía leer; así como
también el “puedo escribir los versos más tristes esta noche” que han inspirado
mis poemas adolescentes.
Mi Aleph es un divino arcón,
el búnker protector de fantasías, de sueños, de emociones.
Leer me ha abierto la cabeza
como a Mafalda y me ha dado el idealismo de Susanita. Me ha enfrentado a
revelaciones extraordinarias como cuando Hamlet supo que el asesino de su padre
era su tío, o cuando el Dr Jekyll mostró que también era Hyde.
Cuando dispongo mi espíritu y
me sumerjo en los destellos de luz que emergen de mi Aleph, escucho voces
entremezcladas.
Sin embargo puedo distinguir
las que se me hacen familiares:
la del principito pidiéndole a
alguien que le dibuje un cordero; la de Gregorio Samsa que se pregunta a sí
mismo, esa mañana, qué le ha pasado a su cuerpo; las del mago de Oz y Dorothy
que conversan afablemente; y también la de mi tía Cata que intenta por tercera
vez que mi "yo niña" entienda El Quijote.
Suelo escuchar el grito feroz
de aquel moteca la noche que los aztecas lo llevan boca arriba para el templo
de los sacrificios durante Las Guerras Floridas.
En mis pesadillas recurrentes
aparecen la criatura de Frankenstein; el conde Drácula y todas las proyecciones
cinematográficas que surgieron a partir de estas novelas, y que alguna vez vi
muerta de miedo.
Hay días en los que quiero volver al origen, retornar al vientre de mi madre como lo hace Marcial en su viaje a la semilla o nacer ya grande como Benjamín Button.
Todo puede estar en ese punto
infinito: la magia, el desorden, la inspiración, el genio de la creatividad,
los fracasos, los deseos, la inocencia, la soledad, el amor.
Puede estar lo que recuerdo y
lo que he olvidado; el pasado, el presente y el futuro; el cielo y el infierno;
la verdad y la mentira. Mis luces y mis sombras.
domingo, 11 de octubre de 2020
Paleta de otoño
naranjas,
amarillos,
tibieza dorada del sol,
última pasión de los verdes,
hegemonía del ocre,
matices de desvelos otoñales.
11/10/2020
viernes, 9 de octubre de 2020
Vida
en súbitos momentos de lujuria
para parirlas luego,
mientras tanto las protejo,
les doy forma,
las cuestiono,
les canto, las ordeno...
Van creciendo,
crecen y crecen...
Cada palabra, una célula
del tejido de mi poem
a;
cada palabra engendra otras; se divide luego.
Y más células, más...
y más palabras, más...
y el silencio de crecer
y el de aún no haber nacido.
Alimento mis palabras,
les doy vida,
las siento vigorozas; a veces, hasta crueles,
débiles, efímeras, distantes, perdidas...
Sin embargo, se me hacen familiares;
las voy queriendo de a poquito
hasta amarlas para siempre
porque son mías, con mi sangre y fantasía,
soy yo en ellas,
yo que renazco en la euforia enloquecida
o en el tibio silencio que dan vida.
Araceli (1995)
sábado, 7 de julio de 2018
Aún no
de vibrante silencio acompasado.
La realidad me sacude
los huesos, la sombra y el alma.
Pero... sé que estás ahí.
Ante mi desnudez herida
se puebla mi jardín de esperanza.
Nueva brisa,
gritos acallados que por fin salen.
Sé estás ahí...
Sabores insólitos, de paladares vírgenes.
Renuevo tu inquietante palabra
y la huelo como a un limón
recién cortado.
Sé que estás ahí...
La frágil tibieza de tus manos
me da la certeza
de que aún no te he perdido.
Chely, 07/07/2018

